viernes, 11 de julio de 2008

Curiosa coincidencia

Fragmento del libro reseñado en esta dirección.

África y Sarah


África y Sarah ¿Cúales serán sus sueños? Tal vez estén en contacto con sus tatarabuelas, las que fueron vecinas de Roucos, Eudosia y Soledad; o tal vez se hayan dormido al arrullo del poema que les declama su bisabuelo Demetrio; aquel poema popular de Santiago de Villamayor que dice:

¡Quién te conoció ciruelo
a la sombra del colmenar!
Verte ahora santo
y tenerte que rezar.
Cien años te regué
ningún fruto cogí.
Los milagros que tú hagas
que me los claven a mí.


De este poema popular, en Bolaños de Calatrava (Ciudad Real), hay la siguiente versión:

¡Quién te conoció, Ciruelo!
¡Hermoso San Sebastián!
del pesebre de mi burro
eres hermano carnal.

En mi huerto te criaste
fruto no cogí de ti,
los milagros que tú hagas
que me los claven a mí.

Otra versión: en cierto pueblo andaluz había un campesino que le vendió a la Iglesia un ciruelo para que en su madera tallaran la efigie de un San Pedro. En cuanto el escultor terminó de tallar la imagen, y las autoridades eclesiásticas le dieron la bendición, el campesino fue a ver cómo quedó. Debido a que conocía su humilde origen, le pareció demasiado ornamentada, así que se encaró a la imagen y le dijo;
Glorioso San Pedro,
yo te conocí ciruelo
y de tu fruto comí;
los milagros que tú hagas,
que me los cuelguen a mí.
Y en las tierras de Murcia dicen:
Quien te conoció ciruelo.
Dichoso San Bernabé
de pétrolas natural,
del pesebre de mi burro
eres hermano carnal.
En mi huerto te planté,
con mi agua te regué,
de tus frutos no comí.
Los milagros que tu hagas
que me los claven a mi.

Y por último encuentro esta variante del poema:

El que hoy arcángel es, antes fue viga,
y antes árbol, la cual hacha y azuela
vi después aplicar, en pie tendido,
y había antes comido
yo frutil mil veces,
ricas cerezas, casi como nueces.
Labrado el tronco luego y colorido,
aún se me representa en el egido,
convidando a los ojos
con agrupados pelendengues rojos;
por eso, aunque me culpen y me ultrajen
las lenguas maldicientes,
paso aprisa delante de la imagen,
y dígole entre dientes:
-Yo te conocí verde cerezo,
no lo puedo olvidar, y no te rezo.

Felices sueños África y Sarah; quedaros con la versión del bisabuelo Demetrio que os cae más de cerca.
Esta aldea espera vuestra visita.