martes, 20 de marzo de 2007

Casa de Dolores


Ruinas de la casa de Dolores en San Lorenzo da Pena.
Al fondo los Outeiros de Pena Corneira.

Casa de Gaspar y de Eugenia


Casa en O Rincón


Casas de Antonino y de Ramona


A la izquierda entrada de la casa de Jovito y Elisa, en medio casa de Antonino y Angustia, a la derecha la casa de Ramona ,en O Rincón.

Casa de Senén y Angustia


Casa de Casilda


Esta casa era de Casilda. Hoy, divida en dos: en primer término la de Ovidio y a continuación la de Gonzalo (hijo de Isabel de A Quintá).

Casa de Claudina


Esta casa fue reconstruída por Claudina y su marido, Casiano, sobre los restos de la casa de los padres de Claudina, Heliodoro y Soledad; que, a su vez, éstos la habían construído sobre la bodega que heredaron de don Amando Puga Santoro, vecino de O Formigueiro y para el que Soledad y Heliodoro habían trabajado.

Casa de Dorinda y Manolo


Casa de Rafaela


Casa de Chucho


Casa Roucos


en la calle Santa Marta (Vigo), hacia 1950 Gonzalo González Montero, nacido en Roucos, junto con su mujer Luisa Carrasco, nacida en A Torre - Cenlle, abren esta taberna que hoy regentan sus sobrinos Sirita y Toñito.

Casas de Pieñeiro


Casas de Piñeiro vistas desde O Penedo da Carreira; a la derecha la casa de A Lama.

Planta de las fabocas



Planta de las fabocas en flor en la huerta de Lalo.

Dice el refrán:
"Viño blanco a ferver
e as fabocas a nacer".


Haba. (Del lat. faba).
f. Planta herbácea, anual, de la familia de las Papilionáceas, con tallo erguido, de un metro aproximadamente, ramoso y algo estriado, hojas compuestas de hojuelas elípticas, crasas, venosas y de color verde azulado, flores amariposadas, blancas o rosáceas, con una mancha negra en los pétalos laterales, olorosas y unidas dos o tres en un mismo pedúnculo, y fruto en vaina de unos doce centímetros de largo, rolliza, correosa, aguzada por los extremos, con cinco o seis semillas grandes, oblongas, aplastadas, blanquecinas o prietas y con una raya negra en la parte asida a la misma vaina. Estas semillas son comestibles, y aun todo el fruto cuando está verde. Se cree que la planta procede de Persia, pero se cultiva de antiguo en toda Europa.

Fogueteiros


Odilo (hijo de Josefa y Enrique), un amigo de Riobó y Lalo (nieto de Heliodoro y Manel O Tendeiro).

Casa de Xan


Casa de Enrique y Josefa


Casa de Enrique y Josefa, padres de Manolo y Odilo. Aquí también vivió la sra. Trina y el tío Macario.

Casa de Justo


Casa de Orosia

Orosia era hija de Ignacio y Clotilde.
Esta casa fue edificada sobre lo que era el pajar del pazo O Curtiñal. El antiguo pajar y la finca que tiene delante y llega hasta la Fonte do Ouro lo compraron Ignacio y su mujer Clotilde por 5.500 pesetas hacia 1916.

Casa de Peregrina


Antigua carpintería


Antigua carpintería en la Cima del Campo. Hacia 1955 tenía aquí una carpintería Antonio de A Lama (hermano de Celia, Fidel, Justa...).

Casa de Rafaela y de Chucho


Parte trasera, desde el camino del Outeiro, de las casas de Rafaela y la de Chucho; en primer término, a la derecha, pozo de la finca de Gaspar y Eugenia en la Cima del Campo.

Casa de José y Esperanza


Casa de José (O Sabio) y Esperanza, vista desde el camino al Outeiro

Casa de Rafael y Caridad


Camino al Outeiro.
Casa de Rafael y Caridad, también conocida por casa de los de Pardo. Al fondo a la izquierda, detrás de los viñedos, la casa de Graciano y Silvina en O Outeiro.

Viniendo del Outeiro


Penedos en O Outeiro


Casa de Tono (o Luaces)



El barrio del Outeiro visto desde el Oeste

Casa de Conchiña (Outeiro)







lunes, 19 de marzo de 2007

Un garabanés asesinado

Serafín de Lentille, de esbelta figura, escasas luces, aficionado al aguardiente y pobre de solennidad andaba a pedir por los pueblos. Los mozos del lugar solían invitarlo a una copa y con frecuencia era objeto de bromas más o menos pesadas. En una de estas ocasiones en la que unos mozos se burlaban de él en la taberna de Cenlle, un anochecer hacia 1930, tanto lo molestaron que dirigiéndose a dos de los farristas les dijo: "Yo seré lo que decís, pero no soy como vosotros que matasteis al garabanés en la Corredoira cerca de San Amaro, que yo bien os vi"; lo que era cierto. Años atrás apareció cerca de San Amaro, asesinado, un tratante de ganado de Garabás y al que le había robado la cartera. Y Serafín de Lentille, que descansaba al amparo de unos matorrales, presenció el crimen del que nunca había hablado hasta que harto de las burlas frecuentes de los criminales se lo echó en cara. Dos fueron los autores de tal crimen: uno apodado Niñodios, salió de la taberna y nunca más se volvió a ver por el pueblo, emigró a Argentina; el otro, de las familia de Os Carteiros, emigró a Portugal de donde nunca más regresó.

Mendigos y predicadores

Hacia 1920 solía venir por Roucos a pedir un hombre alto y descalzo de Beade llamado Carlos con saco al hombro. Era éste algo alocado. Lo recuerdan 'predicando' desde A Cima de Campo: "Gente del pueblo de Roucos, os comunico, así como hago en otros pueblos, que no sembréis más millo que el que podáis recoger ya que yo no ayudo ni ando al jornal".

Jurisdicción de Roucos

Hasta no hace muchas décadas con frecuencia se hablaba o citaba en numerosos documentos la 'Jurisdicción de Roucos', y tanto es así que los vecinos de las tierras del entorno de este pueblo solía decir "en Roucos hay que entrar con el sombrero en la mano", señalando de esta menera el 'gran señorío' de sus habitantes.

jueves, 15 de marzo de 2007

Un Roucos

Roucos, claro. Allí están los recuerdos, los acontecimientos que construyeron la parte más intensa de mi infancia. Pero siento que Roucos es ya tan sólo un lugar en mi mente al que ya no puedo viajar más que mentalmente. Cuando voy a Roucos, desde hace un tiempo, me doy cuenta de que tan sólo puedo ir, pero nunca lo alcanzo pues al llegar, la primera sensación que experimento es la de una molesta extrañeza; como si ese lugar no fuese aquel hacia el que yo partí. Roucos es una aldea de la comarca de O Ribeiro. La configuran una treintena de casas en torno a un campo público poblado de cerezos, y en medio una fuente. Cada cerezo pertenece a una casa, con lo que nadie coge cerezas si no es de su árbol. Las tierras que rodean la aldea son viñedos y montes llenos de pinos y algunos robles; también pequeños huertos para consumo propio. Hoy, por la autopista, desde Vigo se llega en una hora escasa de viaje; antes, por la carretera nacional, todo un viaje atravesando O Porriño, Ponteareas, A Lamosa, A Cañiza, Melón, Quines, Ribadavia desde donde se aparta por una carretera estrecha que asciende y a la izquierda deja ver el valle del río Avia. Recuerdo la sensación que en la infancia me producía el color rojizo de la tierra de esa loma. Las sensaciones de color que entonces experimenté, y de alguna manera hicieron presa en mi mirada, sin ni siquiera imaginar que años después sería pintor, me vienen de la niñez allí en Roucos. Después de cinco kilómetros por esta sinuosa carretera bordeada de pinos y mimosas, cuyo aroma me abre todo un mundo, Cenlle. Este pueblo tiene hoy unos ciento ochenta habitantes. Al pasar la iglesia, frente a un pequeño cruceiro se toma a la izquierda y se comienza a bajar. Enseguida ya desaparecen los pinares al lado de la carretera y en su lugar los viñedos. Llegamos a A Quintá, unas catorce casas. ¿Cuántos habitantes tendrá hoy? Tal vez doce o quince. Entonces vivían allí, entre otras, tres familias de canteros. A mediados del siglo pasado todas sus casas estaban habitadas; sigue habiendo las mismas hoy. Algunas, las más, en ruinas, tres algo arregladas. Nuevas no han hecho desde entonces ninguna. Ya, a quinientos metros Roucos; un poquito antes dos casa separadas entre sí en lo que llaman A Verea. La casa de Ramón y Avelina, la cual ya no existe y en cuyo emplazamiento un hijo de éstos mandó construir una casa grande de piedra color rosa; grande pero sin ningún atractivo; han puesto, eso sí, en la fachada una gran buganvilla como la que había cuando yo era pequeño. La otra casa, prácticamente siempre cerrada, es de otro de los cinco hijos de Ramón y Avelina que lleva muchos años en Francia; allí se dice que está en Francia, y cuando se precisa que vive en París, el que escucha tiene la sensación de que París es una calle o algo así de una ciudad llamada Francia. La precisión está en decir que vive en Francia. Después de todo, la aldea es para sus habitantes todo un mundo, una cosmogonía, desde el cual se parte y al cual se regresa. Roucos, Argentina, Alemania, son vistos desde allí y en aquella época, equiparables; hacer alguna objeción al respecto sería como hablar en latín, no se escandalizarían pero no comprenderían. La geografía de esa aldea en perfecta armonía con las geografías de los paises hacia donde emigraron no pocos de sus mozos y mozas. Ramón tocaba el acordeón los domingos por la tarde y media docenas de parejas bailaban acogidas a su sonido; los más pequeños mirábamos para las parejas y escuchábamos aquellas habaneras y tangos.
Roucos. Hay tantos Roucos como miradas que lo contemplen. ¿Habrá alguien que no tenga su particular Roucos, su propio lugar ya invisitable? Cada uno inventamos el mundo, lo interpretamos y luego lo mostramos con mayor o menor generosidad. ¿Cómo descubrir ese espacio común que es Roucos? ¿Será posible que exista ese común sentir Roucos o cualquier otro lugar? No lo sé. Yo deseo escribir sobre lo que para mí representa y ha representado esa aldea que es la parte más significativa de los primeros años de mi vida, posar mi mirada en todos sus rincones y acontecimientos que la llenaron. Soy el octavo de nueve hijos que tuvieron mis padres; ambos nacieron en esta aldea, y cuando se casaron, dos años después de terminar la guerra civil, se vinieron a vivir a Vigo. Allí viví en la casa de mis abuelos maternos, con ellos y mi tía Asunción, soltera. Es curioso que de cinco hijas, además de tres hijos, que tuvieron mis abuelos maternos, tan sólo, de entre las mujeres, mi madre llegó a casarse y tener hijos; las otras cuatro permanecieron solteras. Teresa murió a los dieciocho años, Sosón —así le llamamos siempre los sobrinos a Asunción— murió a los ochenta años, Dosa pasa de los ochenta y Sira es monja franciscana con ochenta años cumplidos; mi padre suele decir que su cuñado es Dios. Allí pasé largas temporadas en la infancia, y luego muchos veranos enteros hasta los quince años con Papamanuel, Mamadosa y Sosón. En la casa había normalmente dos vacas, dos cerdos, diez o doce conejos, algunas gallinas y algún que otro gato; perros, desde que yo iba allí nunca hubo; el abuelo solía decir que no le gustaba la mansedumbre de estos animales y que le molestaba comer en presencia de ellos ya que mientras él lo hacía los perros solían estar muy atentos y con la lengua fuera esperando un bocado. Papamanuel presumía gozosamente de su independencia, más exactamente de su autarquía, aunque esta palabra nunca se la escuché. Compraba algunas tierras y luego las cambiaba por otras aledañas a las que ya poseía, incluso perdiendo algo, el beneficio él lo obtenía de la unión. Solían venir los vecinos a pedir prestada alguna herramienta, cesto, soga... pero cuando él necesitaba algo yo le preguntaba si podía ir a pedírselo a algún vecino, nunca me dejó hacerlo, contestaba que había que arreglarse con lo que uno tiene, y así se hacía. Debajo del corredor, entre la bodega y la cuadra de los cerdos, un pequeño cuarto guardaba todo tipo de herramientas perfectamente ordenadas y mil trozos de latas, maderas, botes, alambres ¡qué sé yo! Parecía aquel cuarto el gabinete de las ‘mirabilia’ de un perfecto campesino; con lo que allí se guardaba siempre el abuelo encontraba solución para la más singular de las necesidades. Reparo ahora que en aquel cuarto no había nada que tuviese color vivo, todo allí era ocre o gris, todo lo más el brillo escaso de una herramienta de corte. Tampoco en la casa nada de colores; las paredes de piedra ennegrecida por décadas de humo, los tabiques de madera guardaban restos de una pintura blanca que observándolos con detenimiento podían verse caras, figuras, escenas fantásticas. El color estaba ahí fuera, en el paisaje. Según las horas y las estaciones, los colores variaban sobre los mismos volúmenes. Luego estaban las noches. Las estrelladas ¡miles y miles de estrellas! Las de Luna llena ¡qué hermoso el paisaje bajo su sobria luz acerada. Las noches allí, en aquella aldea, las noches de mi infancia en las que aún no estaban iluminadas las calles, los caminos, todos los rincones de la casa. Porque la noche ha sido expulsada de nuestro vivir tecnológico. ¡Qué noches aquellas! Tan llenas de estrellas cuando la Luna nueva. Recuerdo, recuerdo que me pasaba tiempo y tiempo imaginándome mil figuras por ellas enmarcadas. ¡Tantas podían verse! El qué pensaba observándolas no lo recuerdo, tal vez ni pensase en nada, simplemente me sentía una de ellas. Tal vez identificase mi soledad con la soledad de ellas: siempre haí su diminuta pero intensa viveza. Las recuerdo más brillantes unas que las otras ¿pensaría yo que por estar más cerca? El abuelo: “aquella, encima de la chimenea de la casa, marca el Norte” y en mi mente de niño un gran mundo fantástico me recorría el cuerpo, me recostaba en las escaleras y las miraba, las miraba. La vía Láctea que él me decía que indicaba el camino a Santiago de Compostela. Estrellas que decoraban aquellas noches profundas, intensas y de fondo el coro de grillos, cigarras, ranas, sapos, buhos... el rumiar de las vacas, los ‘ora pro novis’ del rezo antes de la cena. Con sólo nombrarlas ‘estrellas’ el universo viene hacia mí, me reviste con su azul oscuro y fluyen los sueños más cálidos.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Firmas de vecinos de Roucos


En un documento de 1948 firman como testigos: Heliodoro González Pérez (casado con Soledad Verleiro Soto), Gonzalo González Montero (casado con Luisa Carrasco e hijo de Manuel y Eudosia), Manuel González Arias (consuegro de Heliodoro y padre de este Gonzalo), y Justo Posada (hijo de Manolo Posada y Avelina Novoa Montero).

Gumersindo Perez


Nacido en O Outeiro, Roucos, Gumersindo Pérez abrió casa de comidas y fonda hacia 1910 en el número 46 de la calle Real (Vigo) donde aún puede verse la plancha de mármol con el nombre del restaurante y del propietario; y como esta casa da también a la calle Teófilo LLorente, con un nivel más bajo, en este local trasero abrió una taberna.
Gumersindo salió de Roucos para trabajar de camarero en el Hotel Balneario de Mondaríz. Se casó y a continuación se marchó a Santiago de Compostela donde abrió un br; no le funcionó bien, lo cerró y volvió a Roucos de donde volvió a marchar para Vigo a abrir el bar ya citado.
Gumersindo era hijo de Eugenia y ésta era prima de Adolfo Montero Deza.
Gumersindo fue el padre de Miguel el cual casó en Vigo con Carmiña y tuvieron cuatro hijos. Fernando, nieto de Gumersindo, con Nunchi Patiño Pérez, tienen dos hijos: Simón y Lua, nietos por parte de madre, de Antón Patiño Regueira fundador de la librería viguesa Librouro.
Fotografía del nº 46 de la calle Real en Vigo (marzo de 2007)

viernes, 9 de marzo de 2007

Tio Pepe 'O Mocas'

Gaspar (Roucos, 1917) recuerda que su abuela Ramona (madre de Heliodoro), tenía un hermano en Ribadavia conocido por 'O Mocas' que se dedicaba al alquiler de mulas a los arrieros y regentaba una panadería.
Los descendientes de tio Pepe 'O Mocas' eran y son 'os Caropos' de Ribadavia: panaderos, fondistas y buenos músicos.
La panadería y choricería que recientemente cerró en el barrio judío de Ribadavia, regentada por Manolito, tiene sus orígnes en el tio Pepe 'O Mocas'.

jueves, 1 de marzo de 2007

Con la abuela


Felisa Novoa y su hermado Gumersindo (hijos de Xoquín y Segunda) con la abuela de ambos hacia 1928.

Buenos amigos























Primo y Felisa; Celia y Pepe con sus dos hijos Manolito y José Ramón.
Hacia 1956.

El sr. Xoquín de visita en Buenos Aires


El sr. Xoquín hacia 1965 visita en Buenos Aires a su hijo Gumersindo a su nuera y a sus dos nietos.

Avelina Nóvoa Montero


Avelina Nóvoa Montero envía esta foto a su hermano Xoquín (casado éste con Segunda) desde Buenos Aires en 1933. De allí nunca regresó.

De romería


Vecinos de Roucos de romería hacia 1965.
De pie y de izquierda a derecha: Rosario, __, ___ Milucho (hermano de Rosario, Gloria (hija del sr. Xoquín y Segunda), ___, ___; sentados: ___, Manolo de Matamiau y Avelina, su mujer.

Escritura de foro del año 1717

"En el lugar del Puente feligresía y jurisdición de San Clodio, á diez y seis dias del mes de marzo, año de mil setecientos y diez y siete: Ante mi Escribano y testigo aparecio presente don Luis Antonio Fernandez Mein vecino del lugar de Leiro pequeño, feligresia de San Miguel de Lobosende de esta jurisdición y dijo que por el y sus herederos en la mejor forma que en derecho haya lugar daba y dio por via y titulo de foro por tiempo y espacio dela vida de tres señores reyes o reynas de España subcesibamente y despues de dichas tres vidas por cincuenta años mas y la primera vida es la de nuestro rey don Felipe quinto que vive y reina, y despues segun subcedieren dichos señores reyes o reynas y asi fenecidos comenzaran a correr los dichos cincuenta años mas hasta seren cumplidos, á don Francisco Fernandez Teijeiro y Araujo vecino del lugar do Formigueiro dela jurisdicion de Roucos, que está presente para el y sus herederos durante el dicho tiempo y vidas, es á saber lo que afora: un pedazo de territorio de tres cavaduras, cerrado donde llaman el sitio dela fuente douro termino del lugar de Roucos feligresia de San Lorenzo da Pena, cuyo territorio se compone de campo y viñedo, segun demarca con vienes de D. Antonio Osorio Abad de dicha feligresia de San Lorenzo da Pena, y de otro con D. Luis Mosquera y con la fuente do Ouro, y enfonda con vienes de Pedro Reynaldez vecino de dicho lugar de Roucos, y se lo afora como suyo propio libre de todas las cargas y pensiones y diezmo a Dios y con las clausulas condiciones y grabamenes siguientes= Primeramente que el dicho territorio ha de andar en una sola persona sin que se pueda dividir, trocar ni enagenarse, en manera alguna, y las escrituras y contratos que en contra de esto se hiciesen, sean en si ningunas y de ningun valor y efecto y pierdan el derecho de este foro= Y es condicion que dicho don Francisco y mas sucesores en dicho territorio han de dar y pagar de renta canon y pension en cada un año al dicho don Luis — quien su derecho tenga medio moyo de vino tinto acabazado buen vino de dar y tomar por la cosecha de cada un año, medido por la medida del pais, puesto y pago en dicho lugar do Formigueiro — en el lugar de Cuñas de esta jurisdicion á eleccion de dicho don Francisco y sucesores y posehedores de dicho territorio pena de egecucion y costas, que en razon de dicha cobranza se causaren= Yten es condicion que fenecidas las vidas de dichos Señores tres reyes o reynas y dichos cincuenta años mas, el dicho don Francisco y mas sucesores en dicho territorio, le han de dejar libre á dicho don Luis — quien su dro. represente con todos los perfectos que le hubieren hecho y mas aumentos que tubiere sin que lo pueda resistir ni contradecir en juicio ni fuera de el, y en caso se haga alguna resistencia o contradiccion, ademas de ser compelido y apremiado por todo rigor de derecho el posehedor o posehedores de dicho territorio hasta dejarle libre y hacer dicha suelta hayan de pagar todas las costas y gastos que en razon de ello se causasen sin que puedan alegar cosa alguna que sea en contrario de la clausula arriba espresada. Y cumpliendo el dicho don Francisco y sus sucesores en dicho territorio con todas las clausulas que ban espresadas en este foro y con paga de dicho medio moyo de vino tinto anualmente a los plazos que van señalados en uno de los lugares supradichos, el dicho don Luis se obliga con su persona y bienes muebles y raices presentes y futuros de hacer cierto y seguro el dicho territorio al dicho don Francisco y los suyos por el tiempo que bá relacionado, y de defenderle de cualquier pleito que sele mueba, y de cualquiera otra pension que sele pida por cualquiera personas que sean y de todo ello sacarle a paz y á salvo idegne. Presente el dicho don Francisco que dijo acetaba y aceto esta escritura de foro y vienes en el espresados, y se obliga con su persona y bienes muebles y raices presentes y futuros de dar y pagar en cada año por la cosecha, el dicho medio moyo de vino de renta al dicho don Luis, puesto y pago en uno de los dichos dos lugares señalados como se contiene en la clausula de arriba, y lo mesmo haran sus sucesores en dicho territorio al dicho don Luis sus herederos — áquien su derecho sucediere, pena de la egecucion y costas que en razon de ello se causaren, y la mesma obligacion de cumplir y guardar todas las clausulas y condiciones que en esta escritura de foro ban citadas, y clausulas puestas por dicho don Luis, y quiere sean egecutivas segun en ellas y en cada una de ellas se contiene, y en razon de su cumplimiento se pueda apremiar a dicho don Francisco y alos sucesores en dicho territorio por todo rigor de derecho. Y ambas partes para cumplir conlo que va dicho dieron todo su poder cumplido alas Justicias de S. M. de su fuero y jurisdiccion, como si lo aqui contemplado fuese sentencia definitiba de juez competente cerca delo cual renunciaran todas leyes de su favor con la general y su remedio. En cuyo testimonio asilo otorgaron y firmaron de sus nombres ante mi Escribano y testigos que lo estan presentes Francisco Rodriguez Cirujano, Antonio Gomez y Manuel Martinez vecinos de esta feligresia de San Clodio, y de todo ello yo Esno. doy fe y conozco al otorgante y acetante Dn Luis Antonio Fernandez Mein Dn Francisco Antonio Teijerio Araujo= Pasó ante mi Miguel Salgado y Araujo.
Sacose de su original que ante mi se otorgó y en mi poder y ofocio queda á que me remita. Y en fe de ello yó el dicho Miguel Salgado Araujo escribano del numero de dicha jurisdiccion de Sn. Clodio y vecino de ella, de pedimento de dicho don Francisco Teijeiro Araujo lo signo y firmo segun acostumbro en este pliego de sello cuarto, apostrero dia del mes de Marzo, año de su otorgamiento= En testimonio de verdad Miguel Salgado Araujo"